Teníamos unos días de vacaciones y desesperados por no tener coche optamos por el burro que aunque no más económico, al menos más ecológico; la ruta elegida: un triángulo de wadis alrededor de Jebel Aaron, ¿aún no te sitúas? Pues estamos entre Petra y el valle del Jordán. Para resolver este trío de wadis contamos con Mohammad Ali del pueblo de Bedoiun con el que ya subimos Jebel Aaron en su día.
Llegamos tarde para variar, pero Mohammad nos esperaba pacientemente en su casa; quien se encargó de colocar las alforjas (las sacas de espeleo) y ultimar los detalles de la expedición. El plan eran 2 burros* de cuatro patas que llevarían a Luna, a Mohammad y parte del equipaje (agua, comida, ropa…) y otros 2 burros de dos patas que llevarían a Amelia y los sacos de dormir.
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DIA 1. Entramos en Petra por la puerta trasera, la que está por detrás del museo y va directamente al pueblo; curiosamente un señor me regaló una monera romana cuando bajábamos la cuesta de acceso. Para Amelia era su primera gran expedición, estrenábamos la silla porta-bebés y le encantó desde el primer minuto. Con Luna intentamos que andara un poco al principio pues sabíamos que en cuanto se subiera a lomos no había quien la bajara; se aguantó hasta el puente donde está el templo de Qsar Al-Bint.
Wadi Sabra es un barranco que parte hacia el sur de Petra (por detrás del teatro romano) y enlaza con Wadi Araba o el Valle del Jordán al sur del Mar Muerto. La primera parte del camino es un poco monótona, salvo la entrada en Wadi Sabra; un ancho río (sin una gota de agua) serpenteante y con algún que otro lugareño curtido por el clima en busca de leña.
La primera parada fue en el olvidado teatro romano de Sabra, pequeño, bien abrigado, pero muy deteriorado. Allí comimos y reanudamos la marcha hacia Wadi Araba, pasando por una zona de surgencias de agua que daban pie a una especie de oasis con árboles frutales. En esta segunda parte no paramos de subir y bajar; Elisabeth y yo intentábamos seguir los burros (los de verdad) como podíamos; las vistas y el entorno cambiaban a cada momento, pero Mohammad nos reservaba lo mejor de lo mejor: una increíble puesta de sol en el desierto de Wadi Araba rodeados de auténticos beduinos pástores, aquí ya estábamos en otro planeta.
DIA 2. Pasamos una buena noche, muy a gusto en nuestro sacos, sobretodo Luna… Amelia en su bota-tienda de campaña: feliz. Desayunamos y desmontamos el chiringuito para ir hacia el norte, paralelos a valle del Jordán. Este tramo, más árido y más seco se enlazaba por diferentes árboles que habían en mitad de la nada.
Luna en su burro y Amelia con sus ronquidos en la silla, llegamos a los pies de Petra con el mismo tipo de roca. El día se hizo largo pues no corría el aire y empezaba a hacer calor.
CONTINUAR…
* Nota del autor: nada de burros, son mulas; pero no se lo digáis a Luna…
